Archivos para Noviembre 2008

Ante el Sida, cambiemos de estrategia

Hoy se celebra el 20 aniversario del día Mundial contra el SIDA, enfermedad que cada año suma 3000 nuevos casos de infecciones, situando a España en 3º lugar en el ranking europeo de contagios. Como en cada edición, la inversión para concienciar a la ciudadanía de la gravedad de esta enfermedad va a ser máxima y sin embargo, me sigue pareciendo insuficiente.

La soluciones que se proponen desde el ministerio (respetar a las personas con VIH, usar el preservativo y hacerse la prueba del VIH) son prácticamente iguales a las que lanzaron en 1989 con la famosa campaña del “póntelo, pónselo” y aún no han conseguido frenar el número de contagios.

Creo que una vez más, este día es una oportunidad para plantear un cambio de estrategia, como se ha hecho en otras exitosas campañas de salud pública: por ejemplo, la del tabaquismo, en la que no se apuesta por el tabaco Light sino por la abstinencia. Como está ampliamente demostrado, el problema del Sida en España, no es una cuestión de información y prevención, es una cuestión de actitud y de conducta: ¿Es positivo difundir la idea de que el sexo es seguro con preservativo? ¿No se fomenta con ello las conductas de riesgo? Como en el caso de las campañas de tráfico, la clave para disminuir los accidentes no es ponerte el cinturón (que también ayuda), sino en conseguir que los ciudadanos conduzcan mejor.
(30/11/08)

Sobre la polémica del Crucifijo

Se apela al respeto a la diversidad de convicciones para quitar los crucifijos de las aulas públicas. Sin embargo, mientras en Europa se defiende la laicidad positiva, buscando la unidad en el bien, la tolerancia que reconoce la verdad, en España últimamente todo lo que huele a Iglesia es despreciable, molesto e inadmisible para algunos.

Hace un par de años una sentencia reconoció en Italia que , el crucifijo es apto para expresar el origen religioso de los valores de tolerancia, respeto mutuo, estima por la persona y afirmación de sus derechos y su libertad, autonomía de la conciencia moral ante la autoridad, solidaridad humana, rechazo de toda discriminación; valores característicos de la civilización italiana.

¿Es que esos valores no son también patrimonio de los españoles, que queremos también trasmitir a nuestros niños? ¿Es que acaso no pueden ser aprobados ‘laicamente’ por todos, con independencia de que pertenezcan a la religión que los ha inspirado y propugnado? ¿Y por qué de repente “molesta” tanto un símbolo milenario de los mismos? Apelando a ese respeto a la diversidad, en otros ámbitos, quizá habría que quitar banderas de España y retratos de los Reyes de los sitios públicos, no vaya a ser que nacionalistas y republicanos se sientan también agredidos.
(25/11/08)

Solución progresista al aborto

Estos días se ha abierto la Subcomisión del Congreso que estudia la posible reforma de la ley del aborto en España, para escuchar diversas voces que desde la ciudadanía tienen algo que decir. Me alegra que, de momento, las distintas visiones del problema coinciden en una cosa: que el aborto no es solución para la mujer y que hacen falta medidas de apoyo eficaces para ella. Sin embargo choca que, mientras todos ellos reconocen que el aborto no es bueno para la mujer, defiendan su ejercicio totalmente liberalizado.

Todo aborto genera una situación de injusticia e incompatibilidad de derechos al relegar al niño que no llega a nacer al nivel de “cosa” o “célula” y a la mujer embarazada, quizá inesperadamente, a la de “usuaria” de los servicios abortistas, sin considerar que un embarazo es algo más que un “accidente” sino una situación vital de la mujer embarazada que necesita apoyo y seguridad para llevarlo a cabo con éxito.

Lo realmente progresista es apoyar a esas personas implicadas en cada embarazo; construir, no destruir; acompañar, no responsabilizar solamente; apoyar, no dejar solo a nadie con sus problemas. Me ha gustado la consideración de unos de los comparecientes de que si el tabaquismo, el alcohol, las drogas o la violencia doméstica se hubieran considerado conductas inocuas para la sociedad en su conjunto, conductas privadas sin más, no se habría hecho nada y éstas hubieran seguido creciendo. ¿Por qué no consideramos igual el aborto, que crece imparablemente hoy y entre nuestros adolescentes, y provoca la muerte de miles de bebés cada año?
(11/11/08)
Interesante comparecencia