En vísperas de la fiesta de los Santo Inocentes, una vez más, es bueno recordar a esos niños que murieron en Belén cuando a penas habían comenzado a vivir y el sufrimiento de sus madres a las que por un caprichoso decreto real les fue arrebatada la vida de sus hijos. Ese decreto que hoy toma una forma más sibilina, transmitida a través de una cultura del placer y del todo vale sin responsabilidad que ejerce una presión brutal sobre la mujer embarazada a la que solo se muestra una salida, para lucro de unos pocos: “liberarse”(matar) del “problema”(su hijo). Sin embargo, la realidad es que se las encadena al recuerdo de ese “problema” del que se “libraron” sin más opción y muchas llegan incluso a anestesiar su conciencia despreciando incluso la dignidad más grande que le es propia a la mujer: ser madre.
El aborto es un problema de todos. Es necesaria una reflexión seria sobre el derecho a la vida y a la maternidad, como pilares básicos de una sociedad sana y desarrollada ya que es tremendamente hipócrita que por un lado se esté hablando de bienestar y calidad de vida de los ciudadanos, de progreso, cuando a la vez, miles de dichos ciudadanos mueren cada año en pro de esa supuesta calidad de vida y miles de mujeres tienen que recurrir a la muerte como única salida a sus problemas. Pensando en positivo, es alentador que tantas personas y asociaciones, también del ámbito médico, estén saliendo a la palestra de los medios de comunicación para defender estos derechos fundamentales y pidiendo soluciones reales y efectivas al drama del aborto. Espero que, en memoria de esos inocentes de Belén y de sus madres, sean escuchados.
(28/12/2007)